Soy anarquista.
No soy el típico moderno políticamente correcto anarquista.
Tampoco soy un anarquista retórico.
Leer
kilos de información sobre las diferentes facciones del anarquismo
nunca me ha interesado demasiado. Soy un insurgente, un opositor. ¿Por
qué? Porque nací así. Cuando estaba en educación infantil, mi profesora
Ms. Whirly habló con mi madre. Recuerdo que le dijo algo sobre que yo
era un jovencito brillante pero que tenía serios problemas con la
autoridad y que eso podría traerme problemas algún día. Así fue.
Me
di cuenta de que en la escuela no quieren que seas un “jovencito
brillante”. El cuestionamiento es el enemigo de las escuelas de
primaria y secundaria, donde adoctrinan a la juventud. Mientras mis
profesores hacían preguntas y toda la clase respondía al unísono, yo me
sentaba al final de la clase y leía sobre dinosaurios, mitología y
astronomía. Me daba esperanzas pensar en tiempos y lugares pasados que
existieron lejos de aquí… lejos de la educación aria de Iowa… tiempos y
lugares donde los humanos no eran el centro de todo el universo.
Afortunadamente mis padres no eran para nada convencionales. Mi padre
era mitad inglés, mitas músico bohemio y mi madre era una
puertorriqueña de sangre caliente que creía en los poderes místicos de
la tierra, los animales y la naturaleza. Mi abuelo por parte de padre
murió en la segunda guerra mundial luchando contra los nazis y mi padre
siempre fue reticente de los gobiernos desde aquello. También era ateo y
muy anti racista.
Algo que siempre me encantó de mis
padres es que nunca se conformaron con la idiotez que les rodeaba y que
siempre me permitieron formular mis propias opiniones. Nadie en casa
iba a la iglesia, y no me hacían ir a los boy scouts ni nada de eso. La
única regla en nuestra casa era que aprendieses a tocar un
instrumento. Yo elegí la batería. Cuando tenía 7 años aprendí a tocar
“Cocaine” de Eric Clapton y el éxito de los 50 “Johnny be good”. La
música se convirtió en el amor de mi vida. La música y la resistencia.
Cuando
tenía 10 años, mis padres se divorciaron y yo me quedé con mi madre en
Denver, Colorado. Vivíamos en un dúplex, con mi tía, su novio, mis
abuelos, tres primos, y un desfile constante de amigos de la familia.
¡Todo un shock cultural! En cualquier caso, estreché lazos con mi primo
Eric. Él era cinco años mayor que yo y vivía en el sótano. Eric hacía
lo que quería y estaba a su aire. Cada vez que venía un chico con los
pelos de punta o con tatuajes, saludaba tímidamente y se bajaba al
sótano con Eric. Por supuesto mi madre y mi tía no querían que yo
bajase allí con ellos. “Deja a los chicos más mayores solos”, solían
decirme, aunque no servía de mucho.
La primera ocasión en
la que me quedé sin supervisión de un adulto aproveché para bajar las
escaleras. Era el sitio más increíble que mis jóvenes ojos habían visto
nunca. Sonando en el tocadiscos estaban los Dead Kennedys. Sonaban
como los Beach Boys pero a toda pastilla. Había posters y cosas
loquísimas colgadas por todas partes. Pentagramas, el símbolo de la A
circulada, escritos crípticos… estaba enamorado.
Mi primo
me presentó a sus amigos, todos adolescentes. Aunque yo sólo era un
niño a ellos no les importaba. Ese día me dije que yo era un
anarquista. Un par de años después estaba tocando la batería con mi
primo y sus amigos y era parte de la escena underground
hardcore/metal/punk de Denver. Me enorgullece decir que de aquel grupo
de chicos, que para mí eran como mi familia, todos seguimos
considerándonos anarquistas 20 años después. Claro que dentro del grupo
siempre hubo gente entrando y saliendo, pero para nosotros, el núcleo
sólido de los cinco amigos aquello no era una fase, era nuestra vida.
Me
negué a ir a la escuela en octavo curso. Aunque me sigue encantando
leer y aprender, es una decisión de la que nunca me he arrepentido.
Para mí la escuela era como si asesinasen mi alma durante 8 horas de
aburrimiento. Prefería estar con mi monopatín, patinando en propiedades
privadas o rompiendo cosas. Pero aquello era el pasado, y ahora es el
presente. La única cosa que para mí ha cambiado es la seguridad que da
la experiencia de la vida. Ahora, con treinta y pico de años, me doy
cuenta más que nunca de cómo apesta la gente y su gobierno. Sistemas de
control vayas donde vayas. Cásate, ten hijos, compra una casa, trabaja
para alguna empresa corrupta hasta que mueras, compra un coche, compra
un coche más grande, mira la televisión, emborráchate, no pienses,
solo consume. No gracias, antes me pego un tiro. Prefiero tener un
novio y una novia antes que una esposa. No tendré hijos porque la
mayoría de los que conozco se comportan como si fuesen personas
pequeñitas borrachas. Además, las liendres se convierten en piojos…
No
me compré una casa porque era imposible que el banco jamás dejase que
fuese mía. He trabajado en algunos sitios de mierda pero a cambio de su
explotación yo les robaba todo lo que podía. No aprendía a conducir
hasta que tuve 25 años, y aun así lo hacía de manera muy poco
frecuente. ¿Qué quieren? Prefiero andar. Tiré mi tele a la basura hace
años porque no me gustan los rectángulos de plástico o toda esa mierda
en tecnicolor intentando adoctrinarme con esa mentalidad de colmena de
la humanidad de 10 vatios. No bebo porque el alcohol convierte a la
gente en idiotas babosos y vomitones. Sinceramente, no sé, es natural
para mí. Pienso en el coñazo de las clases o en los horribles mataderos
en los que trabajé y me recuerda que las cosas no van bien. Veo a
putos cristianos vendiendo sus trillados sermones mojigatos a la gente
como si fuesen “buenas noticias” y me recuerda que mucha gente tiene
mierda por cerebro. Veo mi país de nacimiento y me doy cuenta de que
detrás de ese trapo azul, blanco y rojo que nos representa genocidio y
coches usados.
Entonces me miro a los tobillos y veo las
esposas, también en mis muñecas. Y miro los sitios de mierda a los que
me confinan y me recuerda que los policías, los federales, los
carceleros, los jueces, los diputados, los oficiales del correccional y
todos los de su calaña son los agentes de la represión, los que odian
la verdadera libertad, los enemigos de la justicia social. Los
traidores a la tierra, los animales y a toda la vida.
¿Qué cómo puedo permanecer desafiante?
¿Cómo puedes tú seguir siendo complaciente?
Supongo
que es tu naturaleza. Aunque sea una pena es así. No voy a decir que
lo entiendo, o que empatizo, porque sería mentira. Soy un animal
salvaje y las razas domésticas son un gasto de tiempo para mí. Es un
hecho que este mundo domesticado odia lo salvaje y los libre y también
es verdad que a muchas ovejas les gusta ir por ahí disfrazadas de
lobos, escribiendo sus libritos sobre los males de la civilización.
Tratando de motivar a otros a hacer lo que ellos son demasiado cobardes
para hacer por sí mismos.
A todo el mundo le gusta hablar mucho, y posar como si fuese muy real.
Pero para muy pocos es real, así que no te emociones.
Y
no creas a nadie que no puede llevar a cabo sus palabras. Conocerán a
los lobos por sus dientes, no por sus aullidos. Y estoy orgulloso de
eso. Todas las trampas y los juicios a los que me enfrento merecen la
pena. No voy a huir de las persecuciones y la opresión contra mi
persona. Si pudiese volver atrás, a ese 30 de Abril del 2011 y me
diesen la posibilidad de reconsiderar el incendio por el que ahora
estoy aquí sentado, no cambiaría absolutamente nada.
Se
supone que la vida es para vivirla en libertad. No para que te
asesinen, te arranquen la piel, la curtan y luego la vendan para
perpetuar el beneficio. Se supone que la vida ha de ser defendida, no
subyugada.
Esta enferma y depravada cultura de la
supremacía humana no dicta lo que está bien y lo que está mal. No al
menos para mí. La civilización occidental tiene las manos manchadas con
ríos de sangre, yo no. Los buenos americanos cristianos y patriotas
están viviendo en una de las peores y más genocidas culturas de la
historia del mundo. El único crimen real de grupos como los Panteras
Negras, el Movimiento Indio Americano y el Frente de Liberación Animal
es desafiar la autoridad del Estado y tener el coraje de combatir al
fuego con el fuego. La única fe que tengo es que esto no durará para
siempre. La opresión y la locura por el poder tarde o temprano
implosionará.
Contrariamente a la visión capitalista o
industrializada, vivimos en un planeta finito. Solo podemos sangrar a la
tierra hasta que nuestra tecnología no nos permita alimentar a más y
más millones de generaciones más gordas, más vagas y más degeneradas. Mi
fe es que algún día la tierra ahogará y quemará a los parásitos
humanos, y espero tener la gran fortuna de ver al menos el comienzo del
proceso. Yo me hundiré con el barco, pero lo haré riéndome. Y
honestamente, ¿podría ser de otra manera? Recoges lo que siembras. Así
que no sería una sorpresa que si construyes enormes “civilizaciones”
mecanizadas sobre la sangre y los restos mortales de animales asesinados
y la destrucción del mundo natural, al final coseches lo que has
sembrado. No es tan difícil de entender que una auténtica sociedad
equitativa nunca se construirá a base de violación, asesinato y robo a
las poblaciones indígenas, o de la esclavitud y el desplazamiento a
causa de la raza. Tan seguro como que 2+2 son 4, la opresión junto con
el asesinato da como resultado la auto destrucción, sea mediante la
revolución violenta o mediante la degradación moral.
¿Les parece que mi visión del mundo es negativa?
¿Parezco apocalíptico?
Quizá.
Pero creo que sólo estoy siendo realista. Lucho por un mundo moral y
pacífico. Y eso es por lo que he sacrificado la mayoría de mi tiempo,
energía, y ahora mi libertad. Pero lo he hecho porque soy optimista. Si
la humanidad fuese a juicio, el torrente de pruebas la llevarían a ser
condenada de crueldad, subyugación y avaricia. Y por otro lado habría
un montón de luchadores por la libertad actuales, cuyos encorajinados
principios serían cooptados por reformistas.
Sólo ahora
es cuando empiezo a comprender realmente el mensaje, sólo ahora me doy
cuenta de lo intuitivos que éramos mis amigos y yo como un grupo de
jóvenes punk rockers. La angustia y la pasión que teníamos es lo que
crea cambios reales. La única razón para que esto se diluya es porque
dejemos que se diluya. Mucha gente dice que el extremismo es
inherentemente defectuoso pero ¿lo es en realidad? Se podría dar un
caso muy real de extremismo en la causa de la liberación.Y son los
militantes los que hacen que algunas cosas sigan siendo un objetivo
cuando el resto se distrae y olvida su movimiento, su causa. Qué corto
de vista es el compromiso, que pronto se olvidan de los graves errores
los bienestaristas y los reformistas. Y en su tibia ideología crean
movimientos olvidadizos de reparte panfletos y de activistas
preocupados por no molestar a la gente. Pero esto no es un ciclo
interminable que puede subir y bajar. Este es un mundo finito, como ya
he dicho. Y antes o después llegaremos al final de la línea.
La avaricia y la apatía llegarán a su inevitable final.
Y
ahora estoy sentado en mi celda y leo sobre dinosaurios, mitología y
astronomía y sigo con la esperanza de que no sólo ha habido tiempos y
lugares libres de la amenaza de los humanos, si no que, de una manera o
la otra, los volverá a haber.
Liberación total, cueste lo que cueste.
Walter Edmund Bond

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